Me quede con las ganas de darte las buenas noches, sabiendo que al despertar te hallaría con tan solo
abrir los ojos, de darte los buenos días con un beso, una sonrisa y un café. Me
quede con las ganas de ver cómo se van cumpliendo tus sueños y observar cómo va
apareciendo una nueva arruga con cada uno de ellos.
Me quede con las ganas de
profundizar en tus pensamientos, tras esa hermosa mirada en la que te ocultabas y
de saborear tus labios en medio de tu verborrea, sobre cada guerra o historia
que descubrías.
Me quede con las ganas de
seguir comiéndome la primera letra de tu nombre, acariciar tu cabello y enredarme en tu perilla más de lo que ya solía.
Me quede con las ganas de
susurrarte y gritarte más veces “te amo”, sin importar el motivo o el instante.
Me quede con las ganas de
hacerte feliz, de verdad, día a día.
Me quede con las ganas de
demostrarte el valor que tenias en mi vida.
Me quedé aquí, en un
rincón, intentando ocultarme sin apenas conseguirlo, con más ganas que nadie en
el mundo de oír tu último latido junto al mio.
Me quede con las ganas... de decirte que me encantaba oírte cantar.
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