11 noviembre 2016

Una falseta de mi mísma

Y de repente un día, me percato de que me he convertido en esa persona que de un modo u otro siempre había visto como mi reflejo futuro.
Hoy en medio de uno de mis múltiples pensamientos diarios, me he dicho "La odio, la odio no por quien es, sino porque consiguió alejar de mi a alguien que era la balsa de más importancia en mi vida, quien me había mantenido a flote durante años". hacía mucho tiempo que no había pensado en ello, pero hoy paso por mi mente, ya que me nuevamente me hallo en un momento de derrumbe.
El echo, es que al soltar pensamiento en mi mente tuve que asumir que soy tal y como había sido aquella persona en la que no me quería convertir, alguien que al parecer es incapaz de salir adelante sola, que no puede hacer nada por si misma alguien que siempre iba a acabar necesitando de él para que la rescatase de sus múltiples tropiezos y inmolaciones.

Me siento sumamente... otra persona, ya no soy quien fui ni tan si quiera quien fingía seguir siendo años después, soy mas bien una especie de carcasa andante que sabe que es lo que exactamente tiene que hacer durante cada momento, peor que por el contrario siempre acaba haciendo cualquier otra cosa, cosa nada provechosa.
Lo de ahora mismo sería un ejemplo perfecto de hacer algo que no toca, cuando no toca, en lugar de realizar algo de ese enorme listado de cosas pendientes y sumamente importantes que debería quitarme de encima.

¿Como consigo escaquearme de todo eso? Pues fácil!, bueno... "fácil" en el momento. LA MENTIRA, esa es mi grandísima amiga eterna. Gracias a ella consigo continuar viviendo un día mas en esta carcasa. Lo que hago es mentirme a mi misma constantemente, con cosas sumamente simples como el típico "me tumbo un ratito, pongo la alarma y me levanto a por ello", o con decirme "el lunes empiezo a hacerlo" o también "nada si no fui hoy, mañana me obligaré a ir si o si", si pequeñas estupideces que haceos todos, lo se, peor lo mio ha llegado a un nivel tan extremo que lo utilizo para absolutamente todo. Con lo cual, todo se acumula a una velocidad estrepitosa y en cantidades gigantescas.
El problema empieza a hallarse en el momento en el que me creo mis propias mentiras, mentirme a mi misma es muy fuerte, porque me hiero, me fallo y como consecuencia me autodecepciono. Y si ya cuesta que alguien se sienta orgulloso, si ni si quiera yo me enorgullezco de mi ¿que me queda?
Y obviamente, si me miento y me creo mis mentiras, miento a todos los que me rodean. Si me pongo a pensar, creo que en este mundo, no existe absolutamente nadie a quien no haya mentido. (Realmente todos mentimos en lo mas mínimo alguna vez, con mentiras piadosas o con mentiras que procuramos realizar para que dejen de ser mentiras).

Como consecuencia de este engaño generalizado ¿que obtengo?. Obtengo una sensación de desprecio hacia mi, un peso constante sobre mi mente, tanto que llega a ser como que acarrease corporalmente. Antes esto no era así por eso iba mas ligera, mas feliz, más la antigua yo. pero a medida que pasa el tiempo apenas logro vislumbrar quien era antaño. al ver vídeos o fotos antiguas, me entra añoranza de ver esa persona que aparece en ellos, de haberla podido conocer y no haber conseguido mantenerla atada a mi. ¿Quien me iba a decir a mi que era posible perderse a uno mismo?

Me siento como esas personas adictas a las drogas, que ya solo saben vivir consumiendo. Que por tanto consumo acaban con sus vidas, pierden mucho y se acaban hallando ya ni siquiera consigo mismos sino con ese ser que han creado. Se que para nada es lo mismo, pero de verdad de verdad, que estoy tan perdida.
Un día hace casi un año me hallé. Volví a sentir que podía respirar y andar sin tanto peso sobre mi, a pesar de la multitud de lágrimas que derramaba diariamente. Es decir, lo solté todo, me lo quité de encima y aunque no conseguí recuperarme, si sentía que podía empezar a avanzar sin tanto peso e igual crear una "nueva yo". Pero de la noche a la mañana no se ni como ni cuando me volví a llenar de equipaje mental pesado. De verdad que no se cuando volví a desviarme de mi camino. De repente un día ya me encontraba otra vez metida en la cama en lugar de estar donde debía estar en ese momento y empezaron otra vez las mentiras. Siento que la cabeza me va a estallar, me entran ganas de tener algo para ayudarla a que explote de una vez y se libere todo lo que esta allí a presión, pero no.

Empiezo a pensar que no soy buena para nada. Soy algo mediocre en todo lo que hago. No soy perfecta en nada en concreto. Y si "nadie es perfecto" pero la gente parece tan perfecta. También me he dado cuenta que es más fácil aparentar ser perfecto que serlo realmente.
Algo que también soy, es una cobarde, porque no se dar la cara ante las cosas sobre las que he mentido.

Seguramente, estoy al 99,98% que nadie leerá esto, ¿porque o para que lo escribo?
Lo escribo porque no tengo nadie a quien no haya mentido para hablar y desahogarme. Porque aunque hayan muchas personas a mi al rededor, no hay absolutamente nadie que soportase oír todo lo que quiero decir, y si lo hubiese por ejemplo mi madre, no oiría, sino que comentaría absolutamente cada una de las cosas que saliese por mi boca, se pondría triste, se enfadaría con ella y conmigo por habérmelo buscado. Se que ella no es la adecuada para contarle mis cosas ni para ayudarme. Se que necesito a alguien, pero aun he encontrado la persona o profesional adecuado.
Y eso es otra cosa que me fastidia, porque me gustaría NO NECESITAR DE NADIE MÁS QUE DE MI MISMA. Pero ya he intentado ser mi persona, no al 100% pero si bastante y no lo he conseguido. ¿Que hago entonces? ¿me sigo hundiendo? ¿me sigo mintiendo? ¿suelto todas las verdades?.

¿Cierro esto y me pongo manos a la obra con todo lo pendiente? Sería lo suyo, pero como he dicho so tan buena metiéndome excusas a mi misma que al final me canso de mi, me creo y me dejo hacer lo que mi YO "quejica/tonta" quiere.

El tiempo pasa muy rápido, y soy una experta en perderlo y no aprovechar ni un segundo de él.

¿Y si hiciese lo que tengo que hacer?

¿Y si me voy a la cama porque ahora no tengo cabeza para nada y ya lo dejo para mañana?

... de vuelta a las andadas.


FIN (ni siquiera lo voy a releer)

15 marzo 2016

Drogas de carne y hueso con brazos, piernas y esas cosas...

Creo que  soy adicta a las personas. Si no las tengo no soy capaz de estar conmigo a solas, es entonces cuando me encierro en mis pensamientos y me ahogo en mis fracasos. A día de hoy no he aprendido a disfrutar de mi compañía, es gracioso y triste, pues nací conmigo y moriré conmigo, nadie más que yo sabe cómo me siento, cómo sufro, cómo disfruto y cómo me enlaberinto en mis múltiples desvaríos.

Es un hecho, que lo primero que debo aprender es a saber estar conmigo misma, entenderme, conocerme, si no logro hacer esto, ¿cómo pretendo intentar entender a los demás?, hasta hace unos días no había pensado en ello, pero hoy creo que es la clave para avanzar.

Me importa mucho lo que el mundo piense de mí, que contemplen mis fracasos, mis sonrisas, mis andares, mis miradas, mis tropiezos (que son muchos) e incluso mis propios pensamientos; me preocupa más de lo necesario lo que opinan de mí. Igual por eso he dejado de ser yo misma fingiendo ser yo, sin serlo.
Es decir, recuerdo que de niña, cuando simplemente veía el día a día como uno nuevo y maravilloso, plagado de sorpresas y nuevas cosas que aprender y explorar, nuevas sensaciones; todo era fácil, sencillo, era vida, mi vida sin importar el resto, ni lo que pensasen (la única persona mi madre). Era yo conmigo misma. Si me reía era porque lo sentía, si lloraba era porque me dolía, si dormía era porque sentía sueño, vaya exactamente en lo que se resume la vida de un bebé.


No sé cuando perdí esa capacidad de estar en sincronización conmigo.

Fue entonces cuando empecé a solaparme a los demás, a no poder vivir sin la aprobación, sin la compañía y sin esas tantas otras cosas que nos aportan las personas, cosas que están muy bien, pero depender de ellas no es nada bueno. Esto me pasó con todos, pero a quienes más me intentaba fusionar era a mis parejas, no sé, igual, buscaba en ellos eso que yo no he conseguido aún, esa especie de independencia que ellos si habían logrado con la entrada a la etapa adulta. Igual pretendía que algo de esa capacidad se me pegase a mí, sin saber que en ellos no se hallaba la solución.

Es cierto que existen personas maravillosas con las que nos topamos a lo largo de la vida, personas que nos aportan multitud de cosas, valores, momentos, sentimientos, aprendizajes, muchísimas cosas, pero no es posible añadir nada de eso a mi base de datos si no tengo justamente dicha base. Si soy una pieza de puzle que no es consciente de su propia forma, ¿cómo voy a ser capaz de saber qué tipo de piezas si puedo encajar conmigo, cuales podré encajar más adelante y cuáles no debería encajar nunca en mí?

¿Qué me ha dado como resultado esta mala praxis? Pues sinceramente, varias cosas y problemas.
La primera y más importante es que me he perdido a mí, me desconozco. Si me veo al espejo no me siento identificada ni con el reflejo de mis ojos. Muchas veces, cuando siento es porque me obligo a sentir lo que se supone que he de sentir. Expreso lo que verdaderamente siento en escasas ocasiones. Esto es algo que me afecta en mí día a día de una forma realmente insoportable.
La segunda cosa, es que me ha impedido disfrutar, contemplar, valorar y querer a las personas que me rodean tal y como se muestran ante mí. He estado más pendiente de sus comportamientos, sin poder ver, que cada uno es una persona individual, con sus características, pensamientos, acciones, que lo que conforma a una persona es la mezcla de todas estas cosas y que lo único que me ha de importar es el equilibrio de todas mis partes no intentar equilibrar esas infinitas características de la otra persona con mis propias e infinitas características. He desaprovechado, perdido y abandonado a varias personas y relaciones.
Una tercera cosa, es que me han herido de forma realmente profunda. Sí, existen personas dañinas o malvadas en el mundo, con alguna me he topado, pero no solo me refiero a esas personas. Al otorgarle a todos aquellos a los que me he solapado, la capacidad de ser esa “pauta”, por llamarlo de alguna forma, una vez las perdía o abandonaba lo que ocurría es que me caía, me perdía y mi vida carecía de sentido alguno. También sería como aquello que se dice “los que más quieres son los que más te pueden hacer sufrir”
Existen una cuarta, quinta, sexta e incluso séptima cosa, pero estas tres son con las que más me he visto perjudicada. Al parecer, el hecho de no hallarme a mi misma me hace estar en un auto boicot perpetuo.

Sí, soy adicta a las personas. Pero esto no descarta que haya habido momentos en mi vida que si he disfrutado de verdad o personas que han conseguido que tenga sentimientos maravillosos.

Como he dicho, creo que la clave está en pasar tiempo conmigo, conocerme, comprenderme y sobretodo quererme. Por ello, he decidido empezar una relación conmigo, al fin y al cabo ¿que soy yo sin mí?

11 febrero 2016

Me quede con las ganas

Me quede con las ganas de darte las buenas noches, sabiendo que al despertar te hallaría con tan solo abrir los ojos, de darte los buenos días con un beso, una sonrisa y un café. Me quede con las ganas de ver cómo se van cumpliendo tus sueños y observar cómo va apareciendo una nueva arruga con cada uno de ellos.
Me quede con las ganas de profundizar en tus pensamientos, tras esa hermosa mirada en la que te ocultabas y de saborear tus labios en medio de tu verborrea, sobre cada guerra o historia que descubrías.
Me quede con las ganas de seguir comiéndome la primera letra de tu nombre, acariciar tu cabello y enredarme en tu perilla más de lo que ya solía.
Me quede con las ganas de susurrarte y gritarte más veces “te amo”, sin importar el motivo o el instante.
Me quede con las ganas de hacerte feliz, de verdad, día a día.
Me quede con las ganas de demostrarte el valor que tenias en mi vida.

Me quedé aquí, en un rincón, intentando ocultarme sin apenas conseguirlo, con más ganas que nadie en el mundo de oír tu último latido junto al mio.



Me quede con las ganas... de decirte que me encantaba oírte cantar.