Lloramos, lloramos mucho hasta llegar al punto de casi deshidratar por completo nuestros lagrimales.
Lloramos cuando alguien nos deja o cuando perdemos a alguien, lloramos cuando nos percatamos de haber cometido el mayor error de nuestras vidas.
Lloramos por ese amor que vemos que a acabado y que confiábamos que sería para siempre. Lloramos creyendo que cuando dejemos de llorar el dolor cesará.
No entiendo como podemos dejar que los hombres se nos metan en la cabeza hasta volvernos locas. Nos sentimos de maravilla cuando todo va bien y luego queremos que la tierra nos trague cuando ya no podemos tenerlos.
Ese es el instante en el que no se le encuentra el sentido a continuar viviendo sin esa otra persona y te duele aun más cuando ves que ella si es capaz de continuar. Es entonces cuando sientes que nada ha sido real, que nada tuvo sentido, que nada valió la pena, que esas lágrimas fueron derramadas en vano.
Realmente esas relaciones si son como los cuentos o películas en los que todo te parece bonito, te enternece y acabas llorando; pero luego vuelves al mundo y dejas atrás la película.
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