Las calles están llenas de hojas secas, hojas que han perdido los arboles, arboles que se enfrentaran al invierno, desnudos, mostrándose enteros ante el crudo frió.
Cada día se despiden de muchas de sus hojas, las cuales al desprenderse se deslizan en el aire con tal suavidad y armonía, bailando con el viento, como si pretendiesen planear eternamente, como si se negasen a aceptar que llego su hora y que han de tocar el suelo.
Pero caen y ya allí se encuentran rodeadas de otras que igual que ellas, están siendo pisadas por chica que hoy deja de ser una niña y empieza a ser una mujer.
Quien no pisa una de ellas y se la lleva consigo en forma de recuerdo.
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